Crítica / Canciones para después de una guerra
Canciones para después de una guerra. El País.

(…) Realizado desde la España franquista y para la España franquista, se atiene a las reglas del juego y las burla desde dentro, desde su aceptación aparente. En este sentido, el filme es un modelo de cine libre en un país maniatado.

El ácido se mezcla sutilmente con la nostalgia y la ternura en Canciones. No podía ser de otra manera, dado su planteamiento, en el que Patino hizo un ejercicio de virtuoso en el arte del montaje cinematográfico, otorgando al relato ritmos, aceleraciones y reposos brillantísimos de concepción y ejecución, con sentido de la lectura más allá de las evidencias, en los entrelineados de las imágenes.

En Canciones, Patino hizo maravillas con la complicidad. Imágenes que, para un sueco o un andorrano serían insignificantes, para el español a que iban dirigidas estaban pletóricas de signos inesperados. De alguna manera, Canciones es una de las aportaciones más enérgicas del cine al humor resistencial, ese arte de la supervivencia psíquica que alcanza su pleno desarrollo bajo los cercos de la opresión.

(…) Algunas de sus imágenes son imperecederas; su humor, un canto a la libertad de espíritu bajo la tiranía; y su rara mezcla de subjetividad sobre imágenes objetivas, un hito en la historia del documentalismo.