Crítica / Canciones para después de una guerra
Canciones para la historia

(…) Croce enseñaba que toda la historia es historia contemporánea. El teórico Bela Bàlàsz afirmaba que el filme sólo conjuga el presente. El cine, monstruo de mil rostros, es arte e industria, técnica y espectáculo. Pero también es retrato de nuestro tiempo, documento y crítica, diversión y propaganda.

(…) Un filme para ser histórico no necesita presentarse con el ropaje de época, sino restituir fielmente la atmósfera y los problemas de una época. (…) Canciones para después de un guerra (1971), de Basilio Martín Patino, abre un nuevo modo de hacer cine a partir de la historia.

(…) Pero a esta insidia de la verdad se sobrepone la ironía del contrapunto y del montaje. Ironía que es vivencia del autor y que coincide –es decir, no sólo comunica- con la del espectador para suscitar la misma experiencia de una realidad que se ha debatido entre la imposición de la victoria y la impotencia del pueblo desgastado y roto. Llegado el final del franquismo se permite tardíamente la exhibición del filme. El mérito de Patino esta en haber creado un filme que, más allá del autor, trasciende a experiencia y catarsis colectiva.