Crítica / Paraísos
Paraísos

La historia se disfraza de ficción de nuevo en Paraísos, donde Patino rememora la utopía comunitaria del Falansterio de Tempul como pretexto para recorrer, e inventar, otros proyectos de arquitectura y ocupación del territorio inspirados por las ideas del humanismo libertario, el idealismo racionalista, la armonía con la naturaleza y la solidaridad social no productivista. Documentos históricos, planos de edificios jamás construidos, maquetas elaboradas por ordenador, y ruinas, que se corresponden o no con los referentes a los que alude el documental, se mezclan y se superponen dentro de este episodio.
Unas jornadas de debate, promovidas por gentes interesadas en el estudio de experiencias alternativas de orden arquitectónico, ligadas a modelos de vida comunitaria que se pretenden superadores del orden social establecido, sirven de hilo conductor para ordenar el itinerario por distintos proyectos, ya sean éstos reales o inventados: el Falansterio de Tempul (inspirado en 1842 por el primitivo socialismo utópico de Fourier), el Humanisferio de Huelva (creado en 1932, bajo inspiración orwelliana y con influencias libertarias), el Monasterio del Cuervo (supuesta sede de una urbanización utópica impulsada durante los años eufóricos de la transición democrática) y la Comunidad Libre de Ronda, proyecto creado con imágenes virtuales y de construcción contemporánea, cuyas obras son mostradas por las imágenes.

La Andalucía mitificada por la mirada extranjera y la Historia real, los paraísos soñados y la acomodación dimisionaria del idealismo a la realidad del presente (retratada siempre con una suave, pero maliciosa ironía), son la verdadera materia de este falso documental que habla de la distancia entre la utopía y la vida, de las contradicciones de los utópicos y de la derrota continuada de las ideas transformadoras. Tan lúcida como escéptica, la reflexión de Patino alimenta en este caso una inteligente propuesta narrativa que se las apaña para desenmascarar la Andalucía inexistente, inventada por el sueño romántico, para recordar sin nostalgia los fracasados intentos de llevar éste a la práctica y para mostrar el “aggiornamento” en el presente de las viejas utopías.