Crítica / Queridísimos verdugos
Una investigación sobre la pena de vida

De Queridísimos verdugos ha dicho Basilio Martín Patino, su autor, que es una investigación sobre la pena de muerte y, más aún, sobre lo que él llama la “pena de vida”. Sería ésta la condena injusta e injustificada -motivada sólo por una deformada y aberrante forma de ordenación social- a una existencia que sólo ha podido desenvolverse en el dolor, en la miseria, en la pobreza absoluta. Para estos seres condenados a la pena de vida sólo existirán sinsabores; la realidad se mostrará en sus aspectos más crudo, más desgarrados. La película nos introduce así en inframundos que habitualmente ignoramos o pretendemos ignorar. Toda una realidad temida y huida, esa realidad que nos acecha y nos aguarda tras los muros de los hospitales y de los cementerios, esa realidad que afirma su verdad triunfante en los momentos de postrimería, despliega sus horrores en la obra de Martín Patino.
¿Qué ha pretendido el realizador con ello? En mi opinión, dejar constancia y memoria del dolor, recoger éste de la realidad y potenciarlo en su verdad más profunda. Con ello realiza en el cine uno de los más añejos y nobles ideales del arte, cumple una de las funciones más trascendentales que éste tiene encomendada.

(…) Sí que puede el arte –y el cine mejor que ningún otro arte- testimoniar el dolor, proclamarlo, sacudirlo ante nuestra vista; sí que puede intentar dejar memoria de él; sí que puede evitar que sucumba a la dispersión y al olvido (…).