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Espejos en la niebla

 

Espejos en la niebla

Sinopsis

Cada una de las proyecciones ofrecidas simultáneamente desde sus respectivas casillas, dentro del conjunto, desarrolla informaciones, matices, perspectivas, mundos sugeridos, con los que el espectador pueda ir reconstruyendo, rechazando, complementando, recreando un todo ajustado a su mejor entender.

Metadatos
Título Espejos en la niebla
Guión
Duración
Producción
Productor
Director de fotografía
Composición de la banda sonora original
Detalles
Formato de la película
Status de la película
Valoración de la película  
Imágenes
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Reparto
Reparto: —

Un ensayo audiovisual.
Círculo de Bellas Artes de Madrid
Del 18 de Abril al 8 de Junio, 2008
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Cada una de las proyecciones ofrecidas simultáneamente desde sus respectivas casillas, dentro del conjunto, desarrolla informaciones, matices, perspectivas, mundos sugeridos, con los que el espectador pueda ir reconstruyendo, rechazando, complementando, recreando un todo ajustado a su mejor entender. Hemos tomado como base temática de esta compleja experiencia ciertas circunstancias históricas que confluyeron en la Salamanca profunda del primer tercio del siglo XX, hasta el estallido de la Guerra Civil. Se muestran en términos audiovisuales, por una parte, los escenarios del ruinoso palacete que corona la dehesa de El Cuartón, vecina a Vitigudino, lujosamente habitado por la legendaria dama Inés Luna Terrero, conocida como la Bebé, heredera de toda la enriquecida saga familiar, amante de personajes tan singulares como el dictador Primo de Rivera o el pintoresco Gonzalo de Aguilera, conde de Alba de Yeltes. Y por otra, los solitarios terruños del poblado que hubieron de construirse los esforzados renteros expulsados de la dehesa, según las minuciosas investigaciones sobre esta gesta de su propia familia, bellamente articuladas en el libro Centenares de la escritora Macu Vicente, que ha colaborado generosamente en tan arriesgado proyecto. No son historias lineales. Cada montaje contiene un potencial de múltiples sugerencias que nos interesan más que el propio relato.

Hacer cine también es una propuesta lúdica desde la que atreverse a romper certezas, a indagar en lo desconocido, a emular los sueños. Del cine nos valemos para atisbar convencionalmente lo invisible que aletea fuera de la imagen, quizás en el subconsciente. Una aspiración a dar forma a lo informe, a creernos hacedores de mundos. Pero no se trata de contar en imágenes la Historia. Intentamos sencillamente realizar un ensayo expositivo más propicio a la interacción, ser más límpidamente el reflejo de aquel espejo, de aquellos espejos de Stendhal que se pasean a lo largo del camino.

No es esta construcción un invento fantasioso, sino una mirada hacia aquella actualidad compleja que tratamos de comprender. Una experiencia que necesitará quizás de mucho más entrenamiento. Y ahí está, por si otros se animaran a reconducirla. Los espacios museísticos se abren a otra holgura en la comunicación, se desarrollan en un clima más oxigenado; las salas de exposición permiten otra laxitud en la puesta en escena. Resulta esclarecedor reflexionar sobre el estancamiento del viejo espectáculo cinematográfico, sus ritos en relación con los progresos espectaculares de otros campos de naturaleza artística abiertos a una evolución no constreñida por intereses diferentes. La libertad en cine consiste en confiar en la inteligencia y en la sensibilidad solidaria del espectador; allá él, para que se interese o se abstenga del juego, participe en la propuesta, acepte la complicidad o la rechace. Desde mi relativa experiencia sé que el cine resultará tanto más gratificante, y no sólo para el espectador, cuanto más se atreva a olvidarse de toda preceptiva canónica sobre lo que se pueda o se deba hacer. Es una forma de contribuir satisfactoria y libremente a elevar la sinceridad del trabajo.

No sé si llego tarde a unos horizontes nuevos que intuyo espléndidos. El cine, mejor o peor, se ha permitido subsistir de una mina que amenaza agotarse y parece necesitar una renovación. Quizás no sea todo una cuestión de economía. Quiero seguir confiando en el espectador colaborador.

Basilio Martín Patino